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Comida el naciente pero valioso negocio boliviano

La rica gastronomía y el turismo se descubren mutuamente en la incomparable geográfica boliviana con maravillas naturales, diversidad cultural y tradiciones que invitan a convertirla en una veta para generar economía.

Y lo han dicho: Bolivia es un país que lleva la alegría en los pies. Pero también en la barriga. Quizás por eso la gastronomía, ese arte de combinar productos, historias y tradiciones, adereza cada vez con mayor ahínco las finanzas nacionales y locales, al punto que no pocos opinan que podría en algún momento remontar el PIB (Producto Interno Bruto) nacional, todo indiscutiblemente unido al turismo.

Bolivia —hay que añadir— es una nación inagotable de curiosidades. En lo sociopolítico, su memoria colectiva es bastante frágil. Fácilmente puede elegir como líder a quien poco antes fue su verdugo; en lo religioso y cultural reza el Padrenuestro con la misma devoción que ch’alla a la Pachamama; en lo económico, silba y rechifla cuando hay que pagar las facturas de luz o agua, pero ese mismo día puede estar derrochando sus últimos centavos en alguna entrada folklórica o bailando en la fiesta de algún santo. Eso sí, en cuestión de comer, no hay paradoja que valga. Saca a relucir su buen diente y su vieja costumbre de vivir para comer, sobre todo en Cochabamba, donde la comida la hizo precisamente «Capital Gastronómica de Bolivia».