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Gestión del talento humano como factor de desarrollo

Mientras haya más gente trabajando habrá más economía, y si esa gente es más talentosa habrá mayor y mejor producción, es decir, mayor riqueza y bienestar.

 

Luzgardo Muruá Pará

Fotos: Cortesía entrevistado

Los minerales se acaban, el petróleo se acaba, el gas se acaba, los recursos se acaban. Todo se acaba un día. Pero hay un componente de la vida que aun cuando ésta expira, prevalece y deja un legado incalculable para quienes saben valorarlo, recrearlo y aplicarlo en los asuntos más metafísicos del quehacer humano cuanto en las cosas más simples de la vida cotidiana. «Talento» se le llama.

Precisamente, sobre la «gestión del talento humano» tratan estas líneas, abordadas nada menos por un hombre que está convencido que la humanidad —en general— y Bolivia —en particular— podrían apuntalar su desarrollo económico, social y cultural, hasta encumbrarlos en las esferas más altas del desarrollo de las personas y de las naciones.

Se trata del Ing. Rolando López (RL), experto en temas de Liderazgo, Planificación Estratégica, Diseño y Desarrollo Organizacional, Control de Gestión, Valoración de Empresas y Elaboración de Planes de Negocio. Y hoy, Vicerrector de una de las más prestigiadas universidades de nuestro medio, Unifranz.

«Lo importante no es llegar a la cima, tampoco mantenerse allí, sino crecer», es uno de sus postulados. Con él dialogó Libre Empresa, para motivarnos a descubrir esas aguas profundas y de aquí a poco, nadar en ellas.

 

Libre Empresa (LE) ¿En qué consiste el postulado de la valoración del talento humano como motor de desarrollo para un pueblo o un país?

RL. Cuando se habla de desarrollo de una nación normalmente nos referimos al crecimiento de su actividad económica, el que se mide a través de la variación anual del Producto Interno Bruto (PIB) expresado en términos reales. Este PIB no es otra cosa que el valor total de todos los bienes y servicios finales producidos por todos los agentes económicos dentro una nación durante un año. En síntesis, el desarrollo de una región es el valor creado por el conjunto de empresas comprendidas dentro esa región. Sin embargo, en el mundo de las finanzas, las empresas se valoran por el valor que van a crear en el futuro, valor ajustado por un factor de riesgo. Esta forma de valorar a los grandes agentes económicos los alienta a invertir en investigación, desarrollo tecnológico e innovación, actividades que son exitosas y sostenibles si se basan en la inversión en el desarrollo de talento humano e inteligencia colectiva regional y nacional. Desarrollo implica futuro.

 

 

LE ¿Cuál sería el punto de partida para aplicar esta filosofía?

RL: Nuestro Bono de Transición Demográfica es el driver más importante para salir de la inercia pendular de los precios de los «commodities» que nos ha llevado al rezago secular que Bolivia presenta respecto a países vecinos. Durante 4 décadas (1950-1990), Bolivia mantuvo una Población Económicamente Activa en el orden del 53% al 55%; actualmente esa proporción se encuentra alrededor del 62% y se prevé que para 2040 sea 2/3 de la población. Entonces, es lógico pensar que mientras haya más gente trabajando habrá más actividad económica y si esa gente es más talentosa habrá mayor y mejor producción y en consecuencia mayor riqueza y bienestar.

 

LE ¿Quién o quiénes serían los protagonistas para ejecutar este postulado?

RL: En la contratapa del libro «Basta de Historias» de Andrés Oppenheimer hay una oración que la hago propia: «La educación es algo demasiado importante como para dejarla en manos de los gobiernos». Para liberar y explotar el talento colectivo se necesita pensar diferente, ser curioso, ser atrevido, ser poco ortodoxo. El sistema educativo del siglo XX ha matado la creatividad al encerrarla en cuatro paredes. Hoy, vemos que el mundo es la mejor escuela, que se aprende haciendo, que los conocimientos se conectan con la experiencia. El desarrollo del talento comienza con creer en uno mismo, con atreverse a pensar diferente y a crear tus propios sueños. Los protagonistas del desarrollo basado en el talento deben ser la empresa y la academia, generando un constructo global, interdisciplinario y multinivel, donde las empresas sean universidades y las universidades sean empresas, donde nunca ser termine de aprender.

 

LE ¿Qué rol cumplirían las universidades en esta nueva corriente de pensamiento para gestionarlo y aplicarlo?

RL: En la cadena de los hidrocarburos se ha escuchado bastante sobre el Upstream y el Downstream. El Upstream, es decir la exploración, extracción y producción de talento humano diverso de clase mundial correspondería a las Universidades. Nuestros bachilleres son las nuevas grandes reservas de riqueza, los nuevos yacimientos de energía de transformación. El Downstream sería el rol de los agentes económicos, las empresas.

 

LE ¿Qué factores favorecerían u obstaculizarían la ejecución de esta nueva filosofía?

RL: Desde los años 1840, y a través de las distintas escuelas del pensamiento económico, nos han enseñado que la economía es una ciencia que trata sobre el eficiente manejo de la escasez de recursos. Con el pasar del tiempo, los recursos cada vez son más escasos porque tienen más usos para satisfacer más necesidades de mayor cantidad de gente.

Se me ocurre que, pensando así, ha nacido la corriente de los nuevos iluminados que consideran que nuevo orden mundial es aquel en el que todos seamos iguales: Mentalidad de Escasez. Progreso significa avance hacia un estado mejor, de mayor desarrollo, para ello, se debe tener mentalidad de abundancia. Si los recursos son más escasos porque hay mayor cantidad de personas, lo que abundan son personas, como dice Howard Gardner, todas con talento diverso, complementario.

Esa abundancia de talento no aprovechado sumado a la biotecnología y a la infotecnología son nuestra mayor oportunidad: siempre y cuando salgamos de nuestra zona de confort y de la espiral de la corrupción que es aquella que señala que el cemento es desarrollo.

 

LE ¿Cuándo sería el momento ideal para comenzar a aplicar esta nueva corriente?

RL: AHORA, no podemos perder tiempo, la pandemia del Covid–19 nos ha abierto una ventana estratégica de transformación.

AHORA, es el inicio de UNA NUEVA NORMALIDAD, distinta a la obsoleta antigua normalidad del capitalismo y la oscura pretendida normalidad del supuesto progresismo.

 

LE ¿Cuánto tiempo demandaría llegar a su real concepción de este nuevo concepto?

RL: El Modelo Conceptual Privado ya existe, es el de aquellas empresas denominadas Unicornios, falta el de carácter Público. Cuando me refiero a público, no digo estatal, sino al que busca el mayor bien común.

Las empresas Unicornio son compañías que logran generar un valor de 1.000 millones de dólares durante su primer año de lanzamiento al mercado, aún sin haber ingresado a la bolsa de valores. Por ejemplo, Space X, Uber y Airbnb, son ejemplos de startups que siendo disruptivas y basándose en la tecnología han logrado desarrollarse y transformar sus sectores en muy poco tiempo.

Necesitamos como país UNA DÉCADA para concebir e implementar este nuevo modelo a escala nacional, siempre y cuando hagamos las cosas muy bien.

 

LE ¿Necesariamente debería cambiar la nominación Producto Interno Bruto (PIB), por ……?

RL: Lo que debería cambiar es la forma de medir el desarrollo de los pueblos o las naciones. Ya hace 7 años Michael Porter, el padre de la Ventaja Competitiva, presentaba el Índice de Progreso Social como una nueva forma de medir el avance de la humanidad. Los indicadores agregados que forman este Índice estaban agrupados en tres dimensiones:

Necesidades humanas básicas (nutrición y salud básica, agua, aire y saneamiento; vivienda y seguridad). Aspectos básicos del bienestar (acceso a la educación básica, el acceso a la información y la comunicación, la salud y el bienestar, la sostenibilidad de los ecosistemas). Oportunidades (derechos individuales, el acceso a la educación superior, la libertad personal y la elección, la equidad y la inclusión).

 

LE ¿De qué herramientas se valdría para aplicar este concepto?

RL: De la ciencia clásica aplicada sin eufemismos, de las nuevas ciencias como las Neurociencias y la «Data Sciencie», de las Plataformas y Redes Tecnológicas cada vez más asequibles, del «backcasting» precedido de la prospectiva para prototipar futuros deseables, de los «superdomos» humanos de cambio, del genoma de los «centennials» y de la confianza en nuestro poder de transformar las vidas de nuestra gente.

 

LE ¿Algún aspecto que considere añadir?

RL: Debemos volver a lo esencial y salir de lo superfluo. Cultivar los valores y el carácter.

 

«El desarrollo del talento comienza con creer en uno mismo, con atreverse a pensar diferente y a crear tus propios sueños».

Rolando López