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Locos por la innovación culinaria

La idea original nació con Tropical Chicken, marca que luego dio origen a una serie de innovadores negocios, al frente de jóvenes muy creativos.

 

Luzgardo Muruá Pará

Fotos: Cortesía Focus Group

 

Son tres, como los mosqueteros. Y han forjado una amistad de esas que superan incluso el parentesco sanguíneo. Con todo, se echaron a la mar de los negocios culinarios, alentados por ese impulso loco propio de la juventud y creyendo que las fronteras del éxito estaban abiertas sólo para ellos. Pero en el acto, se estrellaron de frente con el muro del encono y la deslealtad de socios, padeciendo un sinfín de entuertos, impensables para sus edades de entonces: 23 años. Esas lecciones hoy —al darlas por aprendidas—, han valido para reinventarse, una y otra vez, hasta convertirse en los cracks de las marcas culinarias más originales y divertidas de Cochabamba.

Ellos son Alberto Torrecillas Rivero, Eduardo Joaquín Fusi Vega y Mauricio d'Avis Loaiza. En ninguno se nota que hay mala leche. Lo demuestran en su forma de hablar, de mirar a la cara, de explicar con entusiasmo sus éxitos, de reconocer con humildad sus fracasos, de discutir exaltadamente sus puntos de vista, pero al final gana el consenso, que lo sellan con una parrillada, sin duda, aderezada por Eduardo, el chef del grupo. Se conocen tanto que, como si se tratara de sus novias o esposas, corean de memoria sus números de celulares, uno del otro.

Y vaya combinación a la hora de ejercer y hermanar sus profesiones. Alberto es Administrador de Empresas titulado por la UPB, Eduardo Ingeniero Comercial por la Univalle y Mauricio licenciado en Producción en Cine y TV por la University of Southern California (Los Ángeles, California) y Master en Guion Audiovisual por la Universidad de Navarra (Pamplona, España).

 

Nace Tropical Chicken

Hablar de negocios gastronómicos innovadores y exitosos es hablar de Tropical Chicken, la marca que «Beto», Eduardo y Mauricio lograron posicionar en la mente y el paladar de los cochabambinos a fuerza de pecar de ingenuos en un principio, tropezar con deslealtades después, pero sobre todo de mantenerse ensamblados todo el tiempo y no claudicar en los momentos más fatídicos de su travesía empresarial.

La idea del negocio había surgido en 2003 cuando se enteraron que se construiría el gran Cine Center en Cochabamba, donde habilitarían una plaza de comida. Un amigo cuyo padre tenía un negocio de comida en Tarija con el nombre «Tropical Pollos» entusiasmó a Alberto y a Eduardo para abrir uno similar en el Cine Center. Cabalmente, Mauricio acababa de llegar de defender su tesis en EE.UU. a quien le encantó también la idea. Pero había un primer escollo: pagar $us 3 mil como anticipo para granjearse ese lugar en la plaza de comida.

Con 23 años de edad los tres, uno debió contar una a una las monedas de sus ahorros, otro acudió a préstamos y el otro a otras pericias. Como sea, lograron reunir el monto y cada uno aportó $us mil. Se anotaron en el acto. De hecho, ya se sentían empresarios de los pollos a la broaster. El 26 de julio de 2006 abrían las puertas de su negocio, con el nombre y la receta de «Tropical Pollos», lo que les hacía delirar con el sueño dorado del éxito.

Pero no. «Los primeros dos años fueron pérdidas, incluso queríamos vender el negocio», rememora Alberto quien —dado su carácter extrovertido e industrioso— toma la batuta de la entrevista desde su asiento en torno de una gran mesa de uno de los auditorios de Unifranz, donde nos reunimos para hablar de comida y de economía naranja.

Sin querer, debieron aprender casi a la mala durante más de un lustro el pedregoso método natural de ensayo y error, comenzando por encarar litigios legales hasta lidiar con asuntos impositivos o de facturación, pasando por saltear las exigencias culinarias de la clientela. La marca «Tropical Chicken» debió entonces modificarse en tres oportunidades.

A pesar de ello, la respuesta siempre fue remar hacia nuevos rumbos. Ahí nacieron sus diversos productos gastronómicos como las alitas de pollo, tenders, nuggets, variedades de sándwiches, ensaladas e incluso refrescos naturales, entre otros.

«Tropical Chicken pasó por muchos cambios, pero como toda marca siempre hay una evolución y mejoramiento constante. La esencia fundamental es pollo frito y sus variedades, en una empresa hecha en Bolivia con calidad de producto e imagen internacional», resume Mauricio el espíritu de esta marca.

En todos esos pleitos anteriores por lo menos desperdigaron 200 mil dólares. Sin embargo, valió la pena. Después de seis años, el trío emprendedor logró vender la primera franquicia, aun cuando ninguno tenía idea de lo que era esta forma de hacer negocio. Vender franquicias.

Y, como para reforzar el equipo, desde el año pasado ingresó un nuevo socio: Alejandro Rivas.

 

 

Holding de marcas

«Nuestros empaques, nuestra tecnología, nuestras campañas, nuestros productos siempre estuvieron a la vanguardia en el mercado nacional. Tropical Chicken es una marca en constante crecimiento, evolución y mejoramiento continuo de calidad y exigencias para cada cliente», continúa describiendo Mauricio.

Bajo esos criterios y curtidos ya por las ingratas experiencias anteriores, se lanzaron a mares más profundos: crear un holding de marcas. Ocurrió en diciembre de 2018, cuando recuperaron la marca Tropical Chicken después de una prolongada y odiosa querella con socios terceros.

Nace entonces «La Turuleca», un nombre que de por sí retrotrae a cualquiera a aquella época de infancia cuando la radio colocaba la canción de Emilio Aragón «Miliki», el Payaso cuya canción marcó a una generación de niños y grandes que sin reparos coreaban: «La gallina Turuleca…ha puesto un huevo, ha puesto dos, ha puesto tres». «Miliki» murió en noviembre de 2012, a los 83 años.

Por supuesto, con este nombre de gallina, ya no se trataba solamente de recordar esa dorada niñez, sino de crear vínculos familiares actuales, con base en un delicioso «pollo a la brasa», una receta creada exclusivamente para esta marca y en un ambiente que invita a vivir momentos placenteros entre padres, hijos, parientes o amigos. 

«Se crea una receta única que hace que el sabor del pollo a la brasa sea inconfundible y único en el mercado, destacando obviamente la calidad, higiene y la BPM’s», explica el creador de la fórmula, Eduardo Joaquín Fusi Vega, quien para entonces había apartado su título de ingeniero comercial y se había entregado de lleno a las artes de la comida.

«La Turuleca tiene la esencia de ser un producto popular, pero en un ambiente de alto nivel, bajo normas estrictas de higiene, control, normativas y exigencias técnicas de procesos. Es un ambiente familiar para comer pollo a la brasa con espacios pulcros, juegos de niños, baños impecables, procesos de higiene y cuidad alimenticia rigurosos. Y, por supuesto, un sabor y calidad excelentes», avala Mauricio d'Avis Loaiza, el creativo y diseñador del grupo.

 

«Estación Central»

Acto seguido, asumiendo que la recuperación del capital y el prestigio ganado son importantísimos, emerge la idea de crear un restobar moderno, que no sea un restaurant, tampoco una disco.

«Estación Central Bar&Grill es el lugar y el espacio ideal para poner en pausa los problemas o la rutina, así como para lograr una experiencia increíble dejándose llevar por nuevas sensaciones y emociones que te hacen pasar un gran e inolvidable momento», expone Alberto Torrecillas Rivero, el

Gerente Comercial & Administrativo, a cuyo cargo también están las ventas y el marketing de la empresa.

«La esencia de Estación Central es la coctelería y la comida diferente, para un mercado de clientes de treinta años para arriba. Es un lugar donde pasar una noche entre amigos se vuelve única por los espacios que hemos creado, la atención personal a cada cliente, la música, la comida, las bebidas y la constante innovación de conceptos. Nuestro propósito es brindar experiencias únicas a todos quienes nos visitan», amplía Mauricio.

 

 

Otros empujes

Como es evidente, qué lejos quedaron esos tiempos cuando los miembros de este trío empresarial contaban 23 años de edad. Ahora, semejante a los vinos de reserva, han madurado. Ahora no se dejan guiar solamente por el ímpetu de la mocedad, los latidos del corazón o los apetitos del éxito. No. Ahora manejan conceptos, sustentan principios, es decir, aplican filosofía empresarial a cada uno de sus actos, a cada emprendimiento.

Fruto de esta madurez diseñan y lanzan al mundo de la economía naranja «Focus Group, Consultora Gastronómica».

Se trata de una mentora especializada e