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¿Cómo es vivir en África?

Una boliviana relata, en esta crónica, su experiencia viviendo fuera del país, narra cómo ha sido vivir una década viajando y viviendo en distintos países del continente africano.

 

Por: Ximena de Ugarte

Fotografías: Ximena de Ugarte

Si hace un tiempo atrás me hubiesen contado que viviría en África, no lo hubiera creído. Son casi diez años que mi familia y yo estamos experimentando formas de vida y culturas diferentes a la nuestra. Hemos sido parte de la República Democrática del Congo, Tanzania, Uganda, Argelia y Senegal.

Nos hemos enfrentado a muchos retos viviendo en este continente, uno de ellos ha sido tratar de superar los tiempos en los que se maneja la población, muy distintos a los ya conocidos y creo que ese manejo es el resultado de la burocracia, falta de tecnología y vanguardia, corrupción, pobreza, improvisación.

Así y todo, desde esta forma de vida se aprende a convivir, partiendo desde varios ámbitos; por ejemplo desde el punto de vista religioso, debido a que cristianos, judíos y sobre todo musulmanes conviven en casi igual porcentaje, es una experiencia importante, aunque respirar el Islam en Argelia, casi te obliga a empaparte de reglamentos, obligaciones y costumbres que maneja este país.

En la parte histórica, se puede reconocer qué países fueron colonizados por ingleses, franceses o belgas y cómo han superado su descolonización hace no más de 60 ó 70 años de independencia y qué es lo que han dejado estos países como herencia.

 

OTRAS EXPERIENCIAS

Desde otro ámbito, se puede apreciar que en la forma de vestir, lo importante que son las telas africanas dentro de cada una de sus regiones, o por ejemplo escuchar hablar cientos de lenguas locales como el Swahili, el Lingala o el Wolof, son sonidos extraños para el oído boliviano, pero a la vez son resonancias dulces que te inspiran a destrabar la estructura aprendida y probar a decir algo amigable para recibir una poderosa sonrisa.

He experimentado que al paladear y saborear el Swahili fue abrir las puertas hacia mi mundo soñado de entablar una relación con vendedores y proveedores artesanales quienes se sentían fascinados de escuchar que alguien foráneo los salude en su idioma con tanto entusiasmo. Y es que precisamente esa fue mi pasión estando en África, descubrir las artesanías típicas y los significados de cada escultura, música, cuadro o técnica como parte de su encantador mundo artístico.

Es muy conmovedor y emotivo ver por primera vez la estatua de “Madiba”, como llamaban a Mandela, en el Stadium Mandela en Sudáfrica, tal como se muestra en su  representación, su particular sonrisa llena de paz y perdón, te hacen renacer.

Desde lo salvaje, me llevo la imagen de leones, rinocerontes, elefantes y jirafas que pasan parsimoniosamente a metros de distancia desde donde los miras, paseando muy calmados, pero tú tiene a tu corazón con los latidos a mil por hora, es una descarga de adrenalina que simplemente te deja sin aliento.

 

ETAPA

Esta época vivida en el continente africano vino acompañada de dificultades, sacrificios, experiencias, oportunidades y aprendizajes, aunque mi último destino, Senegal, tal vez fue el menos aprovechado debido a la pandemia que vive el planeta, aunque me toca decir orgullosamente que muchos países de esta región han manejado este tema de una forma sorprendente y eficaz gracias al el conocimiento previo que se les ha dado.

El control del Covid 19 ha sido llevadero, sin cuarentenas estrictas y con una distribución de pequeños sistemas de salud repartidos por regiones de acuerdo a su densidad, haciendo rastrillajes y lo que ha influido sin duda, es la edad media poblacional que oscila entre los 18 y 24 años de edad.

La economía está golpeada, la pobreza está tristemente encarnada pero la esencia y la belleza de estas tierras hacen magia.

Una particularidad de vivir tan lejos, es que se añoran las raíces, se extraña a los seres queridos, los amigos temporales se vuelven familia, un paisano es una lotería y en mi caso siento que me he convertido en una especie de embajadora de Bolivia mostrando mapas, paisajes, fotografías cada que se presenta la oportunidad, ante mis nuevos amigos africanos.

Cierro este pequeño relato con una frase que encontré por ahí: Yo no nací en África, pero África nació en mí.

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