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Bodegas del Viento, un vino de altura entre duraznos

Su creador es un hombre convencido que la vid, el olivo y los jamones son otra matriz para generar economía en el Valle Alto.

 

Luzgardo Muruá Pará

Fotos: Hernán Andia

Sólo un loco puede lanzarse a semejante aventura: producir uno de los vinos más alto del mundo en una tierra de duraznos. Sin embargo, este tinto no solo es delicioso, sino, despierta en lo más profundo el gusto por compartir experiencias, aromas, momentos e historias. Bodegas del Viento se llama. Y está situado en un rincón del Valle Alto, a 2.730 metros sobre el nivel del mar (msnm), donde su creador habló y sorbió con Libre Empresa.

Los orígenes de Bodegas del Viento se encuentran a solo tres años de ahora, desde cuando Luis Salazar Terceros exprimió las primeras uvas de Cabernet Sauvignon y Moscatel que nueve años antes comenzó a plantar en su terreno de tres hectáreas, situado en Chacapata, un pedazo del municipio de Tolata, distante 25 kilómetros de Cochabamba, al norte de la amplia ruta al Valle Alto.

Cuando ingresamos a la finca, nos reciben firmes unas plantas de olivo y trasciende un olor a pan casero, a vid, a campo…Todo es parte del esperanzado proyecto vitivinícola y gastronómico que se ha impuesto Luis, no solo porque sea un modo de hacer empresa, sino por plasmar su extremada pasión por la tierra y los sabrosos frutos que ésta produce.

«De ejecutivo pasé a campesino medio», se juzga Luis rememorando que, después que ejerció durante años como directivo en finanzas en entidades bancarias y OGNs, comenzó a plantar las uvas soñando beber algún día sus deleitosos néctares.

Ese día llegó hace tres años cuando produjo 35 botellas repletas de vino (Todavía guarda dos en su bodega). Ahora, en su cuarta cosecha, va por cuatrocientas. «La idea es llegar a tres mil», asegura el «campesino medio».

De hecho, esta última producción debía tomarse recién en agosto o septiembre de 2020, pero a mucha insistencia de los amigos bohemios, ha tenido que descorchar uno tras otro los vinos.