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Gonzalo César Landaeta*

No todo es Internet

En las empresas se debería trabajar fuertemente en tratar de comprender realmente a los consumidores, para poder ofrecerles lo que ellos realmente necesitan, de la forma que lo necesitan y en el momento que lo necesitan, sostiene el autor del presente artículo.

Uno de los aspectos que más disfruto de ser docente, es la posibilidad de interactuar, compartir y debatir con cientos de estudiantes y futuros profesionales, respecto a ideas y propuestas de aplicación empresarial.

Durante las últimas dos semanas, tuve la oportunidad de ser tribunal en más de una treintena de defensas de proyectos, y algo que llamó poderosamente mi atención es que la gran mayoría de los denominados millennials, tanto los que están en el proceso inicial de su formación académica, como los que ya están a punto de egresar o incluso en la etapa de titulación, tienen la firme convicción que hoy en día, todo lo que respecta a estrategias de promoción y comunicación en marketing, pasa por las redes sociales e internet.

Como entendido en la materia, es imposible desconocer o dejar de lado la importancia que tiene en el mundo actual la tecnología y principalmente las redes sociales en el día a día de las personas.

Sin embargo, pensar que la vida y específicamente el trabajo de las empresas, depende única y exclusivamente del uso que se haga de Facebook, WhatsApp, Instagram, Twitter y otros, implica vivir en una burbuja y no comprender adecuadamente la gran gama de opciones que se tienen para poder desenvolverse en un mercado tan diverso y complejo.

Es evidente que la idea de promocionar una empresa o un producto mediante Facebook, por ejemplo, puede ser bastante más barato que hacerlo por los medios tradicionales, e incluso hasta puede llegar a hacerse un mejor control y seguimiento de los resultados que se obtengan, no se puede discutir eso.

No obstante, hay un pequeño gran detalle que tampoco puede discutirse, y es que el canal y el medio que una empresa decida utilizar, debe ser coherente con el público objetivo al que se desee llegar y con el producto o servicio que se quiera ofrecer a ese targuet puntual. Y, fundamentalmente, debe responder a una estrategia de marketing completa que debería ir más allá de la simple promoción.

Hace unos meses comentaba en uno de los artículos de esta sección, que las personas debemos aprender a usar la tecnología a nuestro favor en lugar de ser esclavos de ella. Y hoy más que nunca ratifico aquello, porque en las empresas se debería trabajar fuertemente en tratar de comprender realmente a los consumidores, para poder ofrecerles lo que ellos realmente necesitan, de la forma que lo necesitan y en el momento que lo necesitan.

Esto implica volver a las bases y tomar contacto con las personas de forma personal, mirándolos a los ojos, realizando investigaciones de campo, que van más allá de estar sentados detrás de una computadora buscando todo en Google, como si allí estuviera el antídoto a todos los problemas.

Por algo existen distintos tipos de acciones de marketing que hoy más que nunca siguen vigentes, y que no requieren de internet para ponerse en práctica, sino que por el contrario, demandan mucha creatividad, ganas e imaginación.

Que luego se utilicen las redes sociales para socializar y viralizar el resultado de ese trabajo, es otra cosa. Pero en realidad, el uso de estas herramientas debería ser un complemento de otras acciones previamente planificadas, y que en conjunto se utilicen para lograr los objetivos.

El mundo va evolucionando, de eso no cabe duda alguna. Y es por eso que hace unos años todo lo que se usaba era el famoso ATL (Above The Line), para luego avanzar hacia el BTL (Below The Line), posteriormente al OTL (On The Line), luego al TTL (Through The Line) hasta llegar al FTL (Fuck The Line), con lo que se busca crear una comunicación e interacción más inteligente con el consumidor, para lograr su atención, basados justamente en la creatividad y en la elaboración de estrategias, que permitan alcanzar los resultados deseados.

Para lograr eso, en las empresas, cada uno de los distintos departamentos, comercial, finanzas, recursos humanos, producción, investigación y desarrollo, contabilidad, gerencias, etc, deberían trabajar de forma coordinada y organizada, alineados bajo una sola premisa: “Cómo satisfacer las necesidades de sus consumidores”, de modo que cada área pueda aportar ideas y sugerencias, que permitan elaborar propuestas creativas, para luego llevarlas a cabo. 

En el mercado actual, la innovación es fundamental para sorprender de forma positiva a los consumidores, y esa tarea no puede estar en manos sólo de unos cuantos. En las empresas deberían invitar y motivar a todos sus integrantes a participar, porque al fin y al cabo, toda idea, por más loca que sea, puede ser de utilidad si se le da forma y se la pule.

Eso es lo que de alguna manera le pido a mis estudiantes en cada clase y trato de fomentar también en cada taller, curso, seminario y actividad que realizo con las empresas. Que vean más allá de la burbuja llamada internet. Que usen la cabeza y sean creativos para imaginar cómo podrían causar impacto en el mercado, dándole más de lo que espera, generando una propuesta de valor y brindándole beneficios reales.

Más de una vez me han dicho: “Lo que pasa es que no todos somos creativos”. Cuando en realidad sí somos todos creativos, lo que sucede es que desde chicos nos han enseñado a ser más lógicos y racionales. Pero como toda habilidad, la creatividad puede ser desarrollada si se desea. Por algo existe la teoría de las Inteligencias Múltiples, aunque claro, ese será un tema del cual seguramente escribiré en un próximo artículo.

Si desea formar, capacitar y motivar a su personal en este u otros temas, contáctese con SúperNova Empresarial al 4457954, será un placer apoyar su desarrollo. Hasta la próxima!!

Gonzalo César Landaeta*

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