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La desaceleración económica aún impacta

Analistas consideran que la situación del sector se mantendrá en 2018 con un ritmo lento, similar a los últimos años.

La desaceleración de la economía sigue frenando al sector de la construcción en el país. El Producto Interno Bruto (PIB) de la actividad, a nivel nacional pasó de Bs 1.695 millones a 6.750 en la última década, mientras el crecimiento promedio anual del PIB real del sector fue de 8%.
En la gestión 2015, el rubro experimentó una desaceleración, registrando su crecimiento más bajo en 11 años, reporta el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE).
De acuerdo al Observatorio Económico de la Cámara de la Construcción de Santa Cruz (Cadecocruz), el crecimiento, en un escenario económico nacional de menor demanda del sector, en 2018 será del 8,1%, encima de 2017, mientras el crecimiento del PIB nacional para este año, según el Gobierno, será superior al 4%.
Víctor Hugo Figueroa, expresidente del Colegio de Economistas de Bolivia, sostiene que el impulso, en el desarrollo del país, que realiza la construcción se apoya en los créditos que la banca destina al sector y en la fuerte inversión que el Gobierno realiza para construir carreteras y puentes.
Impacto en el empleo
Sobre la generación de puestos de trabajo, hasta 2015 unas 473.124 personas se dedicaron a esta actividad y en 2017 se calcula que llegaron a las 500.000. Para la presente gestión, los cálculos estiman un crecimiento moderado.
En el bance global de un crecimiento de 8% que experimentó el sector en 2012 y que llegó un año después al 10,6 en 2013, el “pico” más alto de los últimos años; en 2014 y 2015, se devela un bajón significativo con 7,8 y 5,4%, respectivamente. Mientras, en 2016 hay un ligero repunte del sector cuando llegó al 7,8, pero el año pasado repuntó sólo 2%, el más bajo de los últimos cinco años, según reportó el Ministro de Economía, Mario Guillen, en su último informe que hizo sobre el estado de la economía en diciembre pasado.
Otro factor que explica esta situación tiene que ver con los permisos de construcción, aprobados por año en las tres principales capitales del país.
En este sentido, La Paz registra sus “picos” más altos en 2007 con 1.662 permisos y el 2012 con 1.212. Esta situación cambió en 2016, bajando a 449 y hasta diciembre de 2017 se tenían sólo 220. En Cochabamba, la cúspide es en 2011 con 1.545 permisos, mientras que a 2016 se llega con 1.109 licencias y en 2017 llegaron los permisos a 1.119.
Santa Cruz tiene su mayor expresión en 2010 con 743 permisos, pero en 2016 se concedieron 332. Hasta diciembre de 2017, llegaron 332, la más baja de todo el país, según reporte oficial del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y el IBCE.

“Burbuja económica”
Algunos economistas ven en estas cifras un reflejo de la desaceleración económica nacional e incluso un riesgo de “burbuja económica”.
Alertan, además, de la existencia de síntomas que afectarán al desempeño del sector, como el estancamiento de precios de propiedades o la caída de costos de materiales, frente al incremento de otros insumos de forma simultánea. Como si fuera poco, los empresarios privados del sector volvieron a elevar queja sobre la continua carga impositiva que debe aguantar el sector, lo que “genera migraciones de inversiones entre diferentes regiones del país que compiten por los capitales”.
Para el director de la Fundación Milenio, Henry Oporto, los datos actuales muestran que el ritmo de crecimiento de la construcción se ha reducido, aunque apunta que aún conserva su importancia.
El experto reconoce también que el crecimiento moderado del sector de la construcción fue posible gracias al programa Vivienda Social impulsado por el Gobierno, que obligó a las entidades financieras a destinar el 50 por ciento de su cartera a inversiones productivas. Este panorama inyectó recursos a través de créditos, con bajas tasas de interés que impulsaron la construcción, señala Oporto.

Adaptación
Para el analista Carlos Schlink, el mercado de la construcción tuvo que adaptarse rápidamente para no recibir un impacto abrupto. En este sentido, subraya que las propiedades achicaron sus dimensiones para no incrementar los precios.
A pesar de esta situación, la inversión privada nacional continúa apostando a este rubro, porque los bienes inmuebles no pierden su poder adquisitivo, por ser parte de activos financieros que resguardan el dinero.
A su turno, el economista Alberto Bonadona afirma que la compra de propiedades comenzó a caer desde 2014, producto de la crisis de los precios internacionales, que afectó la economía y los ingresos de la población.
En tanto, el economista Pablo Cuba explica que el leve crecimiento es generado por las pocas inversiones que se concentran en destinos atractivos que ofrecen condiciones competitivas, como Santa Cruz, pero anticipa una fuerte contracción a futuro.
“Habrá una tendencia a ralentizarse. No creo que haya un boom en los próximos tres a cinco años”, sentencia.

Importación de materiales
La falta de una industria siderurgia a gran escala en Bolivia, también contribuye a elevar los costos de los materiales de construcción en el Estado y a una inflexión del sector en Bolivia.
Según el IBCE, Bolivia importó en 2015 cemento en valor 8 veces más que en el 2005; en cuanto al volumen, éste se triplicó. En dicha gestión, además, el 70% de las importaciones de cemento tuvieron como origen a Perú, seguido de Brasil con el 27% de participación en el valor.
En cuanto a fierro, el Estado importó materiales por un valor superior a los $us 250 millones, informa el IBCE.
El detalle es el siguiente: El 39% de lo importado fueron barras de acero
(175 millones de dólares). Se adquirieron del exterior estructuras de acero por 25 millones.
Se importó 25 millones de dólares en Cemento Portland, se compraron torres y castilletes de fundición por más de 21 millones y se compraron cerca de 16 millones de dólares en Perfiles de hierro.

Edwin Miranda V. / La Paz

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